viernes, 5 de julio de 2019

Spiderman y la biofísica del tamaño

Mi sentido arácnido vibra

Ya he dicho alguna vez que Spiderman es mi superhéroe favorito de todos los tiempos. Por eso, quiero aprovechar el estreno de Spiderman: lejos de casa para dedicarle una entrada al hombre-araña y enfrentarlo contra el mayor enemigo de todos: la ciencia. Nuestro amigo y vecino Spiderman cuenta con una variada gama de poderes arácnidos, incluyendo superfuerza, la capacidad de trepar por las paredes y, según la versión, el lanzamiento de telarañas. Sin embargo, ¿son estos poderes factibles? Es decir, ¿son las arañas en sí tan increíbles o tienen algún truco escondido en la manga? Hoy descubrimos cómo el hecho de ser un pequeño insecto o un gran ser humano puede conllevar una gran responsabilidad… en relación a tus “poderes”.

 Hay tantos pósters disponibles de esta película que me ha costado decantarme por alguno. Finalmente, he elegido estas imágenes de Spidey en algunas emblemáticas ciudades europeas porque me parecen muy divertidos. Además, no te imaginas la ilusión que me ha hecho usar uno de modelo para dibujar a Biolonita con el traje del hombre-araña... ¡versión verde!

Un pequeño paso para una araña…

Las arañas son unas criaturas extraordinarias. Escalan paredes, construyen telas de geometrías perfectas que a veces resultan casi invisibles, acechan a sus presas y las capturan a velocidades de vértigo. Se trata de unas auténticas reinas depredadoras para multitud de insectos… y algunos vertebrados. ¿De dónde vienen estos súper-poderes? ¿Qué las diferencia de un mamífero depredador, como por ejemplo un tigre? Desde luego, no tiene que ver con productos radiactivos. La respuesta es mucho más simple: las arañas son pequeñas y los tigres son grandes.


Spiderman junto a la superheroína Tigre Blanco en un capítulo de la serie animada Ultimate Spider-Man (2012 - 2017).

En el blog estamos acostumbrados a hablar de selección natural, el principal mecanismo que, en base a lo exitosas que son unas estrategias biológicas u otras, acaba por favorecer que cada especie tenga una forma y comportamiento particulares. Sin embargo, la Biología no lo puede todo. Para sobrevivir, los seres vivos deben enfrentarse en primera instancia a la Física, y el tamaño de un animal determina en gran medida cómo puede relacionarse con su ambiente.

Observa la diversidad de Spidermans que nos presenta la película Spider-Man: Un nuevo universo (2018), cada uno exitoso a su manera en su propia historia.

La selección natural, desde luego, ha llevado a que algunos animales lleguen a tener un tamaño enorme ya que resulta beneficioso para ellos según su modo de vida y su ambiente. Si recuerdas, en la entrada sobre Lego comentamos que, grosso modo, los animales “estamos hechos” con las mismas “piezas”. Principalmente, en los vertebrados podemos ver las mismas estructuras esqueléticas, modificadas de aquella u otra manera según el animal. Así, un animal grande tiene básicamente los mismos huesos que uno pequeño. Echa un vistazo con atención a este ratón y este elefante para comprobarlo. ¿Ves algo raro?




Probablemente te hayas dado cuenta de que los huesos del ratón son mucho más estilizados y los del elefante, más robustos. No parecen criaturas que puedan convivir en el mismo contexto. Y, en efecto, cuando un animal es grande hay un problema a tener en cuenta: la gravedad. Cuanto mayor sea el tamaño de un organismo, más complicado será mantenerse en pie y compensar la gravedad que lo atrae hacia el suelo.


Dibujo de una escena de Vengadores: Civil War (2016) en el que Spiderman pelea contra un Antman gigante.

De hecho, la gravedad está relacionada con la masa, y afecta con mayor intensidad a los cuerpos más pesados. Sin embargo, la fuerza que un animal utiliza para “luchar” contra la gravedad depende de sus músculos y, por tanto, de cómo de largos y fuertes sean. A grandes rasgos, la fuerza muscular que un animal es capaz de ejercer está relacionada con el grosor de sus huesos. Por eso, un elefante necesita unos huesos gruesos para poder sostenerse. Si sus huesos fueran una versión exactamente igual que los del ratón pero en grande, no serían capaces de sostenerlo.

Fíjate por ejemplo en los huesos de las extremidades delanteras. En el elefante son extremadamente gruesos, para cumplir su forma de grandes pilares. En el ratón, sin embargo, son muy finos y, en comparación, parecen frágiles.

Este tema ha fascinado a los científicos desde hace siglos, y el texto más famoso al respecto es On growth and form (Sobre el crecimiento y la forma), publicado en 1917 por el escocés D’Arcy Wentworth Thompson. Más tarde, en 1936, el británico Julian Huxley y el francés Georges Teissier utilizaron por primera vez la palabra “alometría para referirse a los cambios en las proporciones del cuerpo según este sea más pequeño o más grande.



…pero un gran paso para un humano

Y ¿qué tiene que ver el ejemplo del ratón y el elefante con los poderes de Spiderman? ¡Si las arañas ni siquiera tienen huesos! El hecho de que la gravedad afecte de manera diferente a los animales pequeños y a los grandes no solo está relacionado con el esfuerzo que sus músculos necesitan para sostenerlos. También determina la fuerza relativa que se puede hacer con ellos. Así, un animal pequeño como una araña tiene poca masa y “sufre” una menor influencia por parte de la gravedad. Por eso, podemos decir que tiene una mayor libertad de movimientos. Como le ocurriría a un astronauta en la luna, las arañas o las hormigas pueden levantar objetos que superan su peso varios cientos de veces. Una hazaña impensable para un ser humano, simplemente, ¡porque es demasiado grande!


De acuerdo a este razonamiento, una araña podría fácilmente levantar algo que, en proporción a ella, fuera del tamaño de un coche. Sin embargo, un ser humano no podría sostenerlo del modo en que vemos a Spiderman en este fotograma de Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro (2014).

Además, si eres fan de Spiderman probablemente sepas que entre las habilidades de las arañas está la capacidad de trepar por todo tipo de superficies, y que este “súper-poder” tiene que ver con unos pequeños pelos que recubren su piel. De hecho, puede que recuerdes una escena en Spiderman (2002) en la que Peter Parker acaba de descubrir sus poderes arácnidos y la cámara nos muestra que a nivel microscópico sus manos están llenas de estos pequeños pelos.



Según un estudio científico de 2014 en del que se hicieron eco medios como National Geographic, estos pelos son muy peculiares. ¿Recuerdas que en varias películas de Spiderman, como la de 2002 o Un nuevo universo, nuestro protagonista tiene problemas porque no sabe controlar sus poderes y sus manos se quedan pegadas a las cosas? Pues resulta que los pelos de las arañas ni son pegajosos ni tienen nada que ver con la tela de araña, como uno podría pensar en un principio. 


Thiodina puerpera, una araña común en el este de Estados Unidos en cuyo cuerpo se aprecian fácilmente multitud de pelos.

Sin embargo, estos pelos son tan finos que consiguen colarse entre los recovecos de cualquier superficie, incluso aunque a nuestros ojos parezca plana. Esto le da a la araña infinidad de puntos de agarre para ascender paredes como el mejor de los escaladores. Por si fuera poco, otra de las claves está en que las arañas, como hemos explicado, son capaces de ejercer una fuerza brutal en estos puntos de agarre. De nuevo, es algo que está muy lejos del alcance de un ser humano, aunque se diera el caso de que tuviera unos pelos similares.


Spiderman en una escena de Spider-Man: Homecoming (2017), haciendo honor a su apodo de "trepamuros".

En conclusión, por muy “súper” que sea, una persona del mundo real no podría escalar muros ni parar trenes solo con la fuerza de sus músculos. Se trata de una restricción física que la gravedad impone a los cuerpos de cierto tamaño. Sin embargo, es esa magia de lo imposible lo que hace que los súper-héroes sean tan alucinantes y que podamos disfrutar de las acrobacias de nuestro amigo y vecino Spiderman en los cómics y en la gran pantalla.

Si te gusta Spiderman y quieres más ciencia, recuerda que esta no es ni mucho menos su primera aparición en el blog: hablamos de él en la entrada sobre superhéroes creados por Stan Lee y mencionamos a su enemigo el Lagarto en la entrada sobre biólogos en el cine.

P. D. Ya que hablamos de este tema, quiero hacer una mención especial a la película Los becarios (2013). Trata de dos marchantes de ventas en paro que deciden apuntarse a unas becas ofertadas por Google. En la entrevista, les hacen una extraña pregunta: si os redujeran a un tamaño diminuto y os metieran en una batidora, ¿cómo saldríais de allí? La respuesta que dan no es la correcta, pero resulta muy ingeniosa (vídeo en inglés subtitulado en español):



La respuesta que buscaba la compañía en realidad era que, al ser más pequeño, posees una mayor fuerza relativa y, al igual que algunos insectos, tienes fuerza suficiente como para saltar fuera de la batidora (solo conseguí encontrar el vídeo en inglés):




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Fuentes de las imágenes:

domingo, 16 de junio de 2019

Fénix oscura y los “parásitos zombie”

Parásito y a mucha honra

Me encantan los X-Men. No solo son un enorme y variopinto grupo de superhéroes con poderes alucinantes, sino que además sus personajes son profundamente humanos y sus historias conmueven. Después de una extensa saga cinematográfica de más de diez películas, llega Fénix oscura, la culminación de las últimas aventuras de la renovada Patrulla X. En esta ocasión, volveremos a escuchar la historia de cómo la telépata Jean Grey entra en contacto con una fuerza misteriosa que despierta su lado más violento y desata sus poderes. Y sí, como suele ocurrir, tenemos un fenómeno similar en la naturaleza que llenará de pavor a algunos. Se trata de un tipo especial de parásitos que convierten a su huésped en una auténtica marioneta a sus órdenes. Preparad vuestros mejores trucos mentales y afilad vuestras garras de adamantium, porque ¡hoy os enfrentáis a los “parásitos zombies”!
¡Me encantan los X-men! De hecho, ya hemos hablado varias veces de los X-men en el blog, en la entrada sobre superhéroes de Stan Lee inspirados en la naturaleza y en la entrada sobre los científicos en el cine.


¿Qué es un parásito?

En una relación de parasitismo, se produce una interacción entre dos organismos en la que uno de ellos obtiene un beneficio y otro, un perjuicio

Como explicamos en la entrada sobre Venom, de todas las interacciones posibles entre dos organismos, en el caso del parasitismo uno de ellos obtiene algo positivo y el otro, algo negativo.

Estas relaciones no siempre son constantes y permanentes pero a grandes rasgos es fácil identificar un parásito. Por lo general, se trata de un organismo que depende de otro, un huésped del que sustrae recursos, para su supervivencia. Los ejemplos más típicos son los mosquitos o los piojos.


Algunos de estos parásitos son mucho más estrictos (los llamados “parásitos obligados”) y llegan al punto de vivir por completo en el interior de su huésped, siendo incapaces de sobrevivir sin él. Es el caso de la conocida tenia. Con frecuencia, este modo de vida parásito permite a estas criaturas el lujo de carecer de algunas estructuras. Por ejemplo, la tenia no posee un aparato digestivo complejo ya que toma el alimento parcialmente digerido de su huésped.


La estrategia parásita ha aparecido en múltiples ocasiones y diversos grupos a lo largo de la historia evolutiva. Aunque probablemente los parásitos más estudiados sean artrópodos, también podemos encontrar numerosos ejemplos de parásitos en vertebrados, plantas y diversos grupos unicelulares.

El muérdago, del que hablamos en la entrada sobre Panorámix y las plantas medicinales, es una planta parásita que crece sobre otros árboles, inyectando sus raíces en las ramas de estos para aprovecharse de sus recursos.


¿Qué es un “parásito zombie”?

Los parásitos, especialmente los más estrictos, necesitan desesperadamente encontrar un huésped adecuado para crecer y reproducirse. Tanto es así, que algunos han llegado al extremo de manipular a su huésped para que haga ciertas cosas que al parásito le resultan propicias. De modo técnico se los denomina “parásitos alteradores del comportamiento” y, como podéis imaginar, su curioso modo de vida ha atraído una gran atención en los últimos tiempos.


Obviamente, un huésped suele exhibir siempre un cierto cambio de comportamiento, o al menos una sintomatología concreta, cuando carga con un parásito. Sin embargo, los “parásitos zombie” van un paso más allá ya que son capaces de alterar el funcionamiento normal del sistema nervioso y / o cerebral del huésped, cambiando su percepción en lo referente a ciertos estímulos. Casi como la fuerza fénix de los X-Men, que hace que Jean Grey se vuelva mucho más irascible.



En muchas ocasiones, este cambio de comportamiento sucede en un “huésped intermedio” que el parásito necesita para alcanzar a otro “huésped final” que habitualmente se alimenta del intermedio. Los cambios en el comportamiento del huésped intermedio harán que sea más fácilmente detectado por su depredador y por tanto facilitará que el parásito llegue hasta él.




La Patrulla X de los parásitos

El Profesor Toxovier

Uno de los parásitos zombie más conocidos es Toxoplasma gondii, un protozoo (organismo unicelular con estructura de célula animal) que puede modificar los pensamientos como si se tratase de un telépata sacado de los cómics

 Este protozoo puede cambiar la manera en que su víctima percibe algunos estímulos del medio, casi como el Profesor Xavier (James McAvoy en una imagen promocional de X Men: Apocalipsis). 

Esta célula se encuentra habitualmente en el suelo y la vegetación y por tanto es fácilmente ingerida por pequeños herbívoros como el ratón. Una vez en el interior del ratón, este parásito ataca una parte concreta de su sistema nervioso y es capaz de “bloquear” un comportamiento concreto. El roedor, que normalmente siente miedo al percibir el olor de un gato, pasa a sentirse atraído por él. De esta manera, es más probable que un gato lo encuentre y se lo coma, y será en el interior del estómago del gato donde el parásito se reproduzca. Las nuevas células saldrán de nuevo al exterior con las heces y aguardarán a una nueva víctima.


Artículo muy interesante sobre las bases de actuación de este parásito en la revista PNAS (en inglés), una de las más prestigiosas publicaciones científicas por Vyas y colaboradores en 2006. 

El misterioso cambio de las hormigas

Un caso similar es el de Myrmeconema neotropicum, un nemátodo (los llamados gusanos cilíndricos) que se reproduce en el interior de ciertas aves. Para llegar a ellas, utiliza como intermediarias a las hormigas, y no solo les hace cambiar su comportamiento sino también su color. En este caso, el parásito infecta el abdomen de las hormigas, volviéndolo de un vivo color rojo que simula las bayas que comen habitualmente los pájaros. 


Por si fuera poco, el gusano deposita “arenilla” en el interior de la hormiga, haciéndola más pesada. Los movimientos de la hormiga se vuelven inestables y, en un intento por equilibrarse, el insecto sitúa su abdomen hacia arriba, haciéndolo aún más visible para los pájaros. Una transformación digna de la mismísima Mística.

Este parásito puede hacer que su huésped efectúe un sorprendente cambio físico (que por supuesto beneficia al parásito) al nivel de Mística (Jennifer Lawrence en un fotograma de X Men: Fénix oscura).


El rondador acuático

Si creías que la cosa no podía complicarse más, espera a conocer el caso de Schistocephalus solidus, un cestodo de lo más sofisticado. Se trata de un “gusano en forma de cinta”, que, aunque siga denominándose “gusano”, pertenece a un grupo muy diferente del de nuestro “parásito Mística”. Este parásito de nuevo se reproduce en el interior de un pájaro y sale al exterior mediante sus heces. Estas llegan al mar y son consumidas por pequeños crustáceos, que a su vez sirven de alimento a los peces.
A lo largo de su ciclo vital, este parásito pasa por diversos organismos.

Es en el interior de los peces donde el “rondador acuático” comienza a actuar, sirviéndose de la manipulación para transportarse de uno a otro nivel de la cadena alimenticia. Los peces infectados, que normalmente deberían mantenerse en bancos de peces en las zonas de agua fría, prefieren sin embargo nadar a aguas cálidas, donde habitualmente pescan los pájaros a los que el parásito quiere llegar.

En la imagen superior, el gusano parásito en comparación al pez que estaba infectando (sí, es sorprendentemente grande). Este parásito pasa por diversos organismos a lo largo de su ciclo vital, llegando al nivel del rondador nocturno (Kodi Smit-McPhee en X Men: Apocalipsis) en cuanto a teletransportación. 


En este artículo de la revista Global Change Biology (en inglés), escrito por Macnab y Barber en 2011, además de comentar los aspectos generales del funcionamiento de este parásito, investigan cómo el incremento de temperatura podría afectar a la incidencia de este parásito.

La furia de las mariquitas

A pesar de ser uno de los escarabajos más bonitos a nuestros ojos, las mariquitas se caracterizan en realidad por una ferocidad comparable a la del temible Lobezno. Y muchos insectos lo saben. Entre ellos, la avispa Dinocampus coccinellae, aprovecha esta furia en su beneficio, convirtiendo a la mariquita en su matón particular. 


En este caso, no se utiliza al huésped como intermediario para llegar a otro animal, sino como guardia custodio de las larvas. La avispa pone un huevo en la mariquita, y cuando este eclosiona, consume poco a poco el cuerpo de su huésped. Mientras la mariquita carga con la larva, su violencia aumenta, revolviéndose furiosamente contra cualquier potencial enemigo, y de esa manera protegiendo a su parásito. Se cree que este arranque de ira puede estar relacionado con el veneno de la avispa. De hecho, existen infinidad de avispas que utilizan su veneno para manipular a todo tipo de insectos, desde arañas a hormigas y mariposas, para que cuiden de su progenie.

Arriba, una mariquita unida a la fase larvaria de la avispa. Mientras están unidos, la mariquita se vuelve tan feroz como Lobezno (Hugh Jackman en el cartel promocional de Lobezno Inmortal). Más adelante, el capullo se abrirá liberando a una nueva avispa adulta. En ocasiones, la mariquita puede sobrevivir a su parásito.

Sobre avispas parásitas en general, puedes echar un vistazo a esta publicación de la BBC.

¿Dulces pesadillas? 

Estos son algunos de los casos más estudiados sobre "parásitos zombies", pero con un vistazo rápido por la red podréis encontrar listas con numerosos casos como esta de la BBC (en inglés). Además, el fenómeno resulta tan interesante para los científicos que incluso encontré un monográfico sobre ello en la revista Journal of Experimental Biology. Aunque algunos de estos parásitos pueden resultar macabros y siniestros, mi objetivo principal con esta entrada no era daros pesadillas, sino comentar un sorprendente fenómeno natural. Para mí, lo más increíble de la estrategia del "parásito zombie" es que, aparece en numerosas ocasiones de manera independiente a lo largo de toda la historia evolutiva. Algo que me parece increíble viendo lo complejo que puede llegar a ser el sistema parásito-hospedador/es en muchos casos. Es decir, se trata de una artimaña que puede resultar extremadamente provechosa... ¡hasta para criaturas alienígenas como la fuerza fénix! 




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Fuentes de las imágenes
Freepik: conejo, insecto, zorro
Cómic book: Profesor Xavier
Yanoviak et al. 2008 (The American Naturalist): hormigas
Parasitophilia: Myrmeconema neotropicum
Twitter (Eizaguirre Lab): Schistocephalus solidus
CulturaOcio: rondador nocturno

viernes, 31 de mayo de 2019

Pokémon y el significado de los nombres científicos

¡Hazte con todos!

Si eres de esas personas que saben de memoria los nombres de los más de 800 Pokémon registrados hasta la fecha en la Pokédex, o al menos recuerdas los 151 de la primera generación, seguramente estés emocionadísimo/a por el reciente estreno de Detective Pikachu. En esta película, basada en el videojuego homónimo, se muestra un mundo Pokémon más allá de la clásica historia de entrenadores, capturas, combates y torneos. En esta ocasión los Pokémon toman protagonismo como individuos, más allá de su “especie”, tipo y características. Es decir, está claro que no todos los pikachu, aipom o jigglypuff son iguales, a pesar de llamarse igual. ¿De dónde vienen estas palabras y por qué es tan importante tener nombres? ¿Seguimos el mismo criterio que los creadores de Pokémon para nombrar a los seres vivos del mundo real? Descúbrelo en la entrada de hoy. ¡Pikachu, te elijo a ti!


Me llamo mon, Póke-mon



Siempre me he preguntado por qué los entrenadores no suelen poner nombre a sus Pokémon. Es decir, todos los pikachu del mundo Pokémon se llaman “Pikachu”, lo cual puede resultar bastante confuso. ¿Os imagináis que llamáramos “Perro” a todos los perros del mundo? De hecho, es aún peor ya que el nombre de “pikachu”, al igual que todos los nombres Pokémon, hace referencia al sonido que emite el Pokémon. Es decir, sería como si todos los perros del mundo se llamasen “Guau-guau”.


Parece que el nombre de Pikachu fue elegido en base a la onomatopeya japonesa para las chispas y el sonido del ratón. Y sí, nuestro querido Pikachu amigo de Ash se llama, de manera equivalente, “guau-guau”.


Está bien, “Pikachu” no es un nombre muy original para un animal que hace “pikachu”, pero reconozco que es práctico. Es necesario que los animales, plantas y resto de criaturas tengan un nombre para poder referirnos a ellos, y es lógico que dicho nombre haga alusión a alguna característica fácilmente reconocible de la criatura en cuestión, como el sonido o el color.



Idealmente, el nombre de un animal o planta debería ser único. En la realidad, sin embargo, cada especie se denomina con una palabra diferente en cada idioma, e incluso dentro de un idioma suele tener varios nombres. Esto puede ser muy complicado a la hora de estudiar una especie, ya que hace difícil que personas de distintos lugares puedan identificarla. Resolver este problema es precisamente la función de los nombres científicos, como explicamos en la entrada sobre Animales fantásticos, que se componen de dos palabras: una es común para todas las especies de un mismo género (tan emparentadas que podemos considerarlas como los “primos” cercanos de un árbol genealógico) y la otra es particular de cada especie. Algo así como si cada especie tuviera un nombre (único y personal) y un apellido (que la une a sus familiares).


Para dar un ejemplo, podemos imaginar que todos los Pokémon de tipo eléctrico pertenecieran a un mismo género, de manera que la primera palabra del nombre científico sería igual para todos los pokémon eléctricos (Electrica).

Antes de continuar quiero hacer una aclaración importante: las “especies” de Pokémon son diferentes de las especies reales. En Pokémon, Pichu, Pikachu y Raichu son considerados “especies” diferentes y uno “evoluciona” en otro. Estos términos son erróneos incluso en la fantasía. Un animal no puede cambiar de especie ni evolucionar en otra especie a lo largo de su vida. Los cambios que en Pokémon se denominan “evolución” son en realidad debidos al crecimiento (o al nivel del Pokémon). Es decir, Pichu, Pikachu y Raichu pertenecen a la misma especie.



Pichu, Pikachu y Raichu son simplemente distintos momentos del crecimiento de un mismo individuo que pertenece a la especie que hemos llamado Electrica pikachu. Considerarlos diferentes sería como considerar que un ternero (animal de Bos taurus que tiene de 0 a 12 meses), un novillo (de 24 a 48 meses) y un toro bravo (de 2 a 5 años) son especies distintas.



La importancia de llamarse Pikachu



Ahora que sabes que todas las especies tienen “nombre y apellidos” puede que te estés preguntando de dónde vienen estas palabrejas y qué significan. Como también mencionamos en la entrada de Animales fantásticos, el padre de este sistema fue Carlos Linneo, un científico sueco del siglo XVIII. De acuerdo con su propuesta, los nombres científicos de las especies no son una sucesión aleatoria de letras (aunque a veces lo parezcan), sino que tienen un significado en latín.




Algo parecido ocurre con los Pokémon, que, si bien tienen nombres inventados, suelen derivar de palabras con significado real. El propio término “Pokémon” combina las palabras “bolsillo” (pocket en inglés) y “monstruo”, en una clara referencia a la posibilidad de almacenar tus “monstruos” en cómodas Pokéballs que puedes llevar a todos lados.



Como seguramente hayas notado, los nombres de los Pokémon tienen dos orígenes. Para los habitantes ficticios del mundo Pokémon, los nombres hacen alusión al sonido que hace cada Pokémon, como ya hemos mencionado. Por otra parte, los creadores reales de estos monstruitos, en realidad, se basan frecuentemente en criaturas reales, tanto para el diseño como para el nombre. De hecho, la propia Pokédex define tradicionalmente a los Pokémon con fórmulas como “el Pokémon tortuga” o “el Pokémon paloma”… algo un poco incongruente en un mundo en el que no existen tortugas ni palomas.


Te llamaré Mini-yo


Está claro que para los creadores de Pokémon debe ser muy divertido inventar nombres (hasta que empiezan a escasear las ideas y surgen cosas como “el Pokémon bolsa de basura”), pero, ¿son ellos los únicos que pueden hacerlo? ¿Quién y cuándo tiene derecho a poner nombre a una especie real? Pues bien, aunque Linneo dejó bastante trabajo hecho, desde sus tiempos la clasificación de especies ha cambiado un poco.





En primera instancia, es necesario buscar un nombre cuando se descubre una nueva especie. Habitualmente, estará suficientemente relacionada con otras especies ya conocidas, con lo que la primera palabra de su nombre científico (su “apellido”) estará predefinido. De esta forma, lo necesario es buscar una segunda palabra (su “nombre de pila”) que destaque alguna característica particular de la especie.


Si conocemos los pokémon de tipo eléctrico que hemos mencionado antes y de repente descubrimos este (Ampharos), lo más lógico sería incluirlo en el género Electrica y llamarlo Electrica ampharos.

También es necesario buscar un nombre si una especie cambia de lugar en el árbol genealógico y sea necesario corregir su nombre. ¿Cómo es posible? En la época de Linneo, las especies se clasificaban según su parecido físico. Sin embargo, esto no siempre es garantía de parentesco. En la actualidad, se comparan las similitudes genéticas entre las especies, lo que nos da un resultado mucho más fiable de su parentesco. Sería como si Linneo hubiera intentado reconstruir un árbol genealógico a partir de las fotografías de una familia mientras que a día de hoy podemos realizar pruebas de paternidad.


Estos tres pokémon (Psyduck, Farfecht'd y Golduck) son muy similares porque su diseño está basado en patos. Esto podría llevar a que Linneo los hubiera clasificado juntos en un mismo género. Sin embargo, si hacemos un análisis genético y resulta que en realidad las especies más emparentadas son las que pertenecen al mismo tipo, estos tres pokémon en realidad no son parientes y habría que buscarles nuevos nombres.


Estos nuevos análisis provocan que, con frecuencia, descubramos que una especie es en realidad “adoptada” dentro de su familia. Evidentemente, cuando esto sucede es necesario cambiar, su nombre científico; al menos, la parte que corresponde a su “apellido”. A este respecto, hay muchísimas reglas sobre qué “apellido” debe prevalecer. ¿El más antiguo? ¿El que englobe a más especies según la nueva clasificación? Cada caso es diferente y los criterios pueden diferir de uno a otro.



La gran familia Pokémon



Como todos los padres, los científicos que ponen nombre a las criaturas tratan de que sea un buen nombre, que la defina y con el que se pueda identificar fácilmente. Igual que en el caso de Pikachu, en las ocasiones menos imaginativas estos nombres están basados en el sonido del animal en cuestión.


El nombre científico de la abubilla es Upupa epops, que es similar al sonido que hacen estos pájaros (para mí suena como "puu-puu").

Como dijimos, el nombre "pikachu" es la unión de la onomatopeya japonesa para los rayos y para los ratones. Otros buenos ejemplos son "hoothoot", nombre que imita el ulular de los búhos, y "meowth", parecido al conocido "miau" ("meow" en inglés) de los gatos.


Otro criterio, que yo diría que es el más utilizado, alude a características fácilmente reconocibles de la especie, como el color, el olor o la forma.


Estas fotos corresponden a tres diferentes especies de jara (cuyo nombre genérico es Cistus). Sus nombres científicos hacen referencia a su parecido con otras plantas que son bien conocidas para los botánicos. Tenemos Cistus populifolius ("hoja similar al populus", que es el chopo), Cistus salviifolius ("hoja similar a la salvia", una conocida hierba aromática) y Cistus laurifolius ("hoja similar al laurus", es decir, al laurel).

También podemos encontrar ejemplos con los animales, como el del lince rojo (Lynx rufus) y el lince ibérico (Lynx pardus), cuyos nombres hacen referencia al color de su pelaje.

Aquí tenemos ejemplos de pokémons cuyos nombres son una referencia clara a los animales reales que representan. Seel es una foca ("seal" en inglés), krabby es un cangrejo ("krab" en inglés) y pidgey es una paloma ("pidgeon" en inglés).


En otras ocasiones, se recurre a nombres más prácticos, como la región geográfica en la que se encuentra la especie.



Esta liebre, olivo y erizo tienen nombres que hacen referencia a su origen europeo (Lepus europaeus, Olea europaea y Erinaceus europaeus).


Estos tres pokémon también tienen nombres que hacen referencia a sus hábitats: tropius (por el trópico), magmar (por el magma) y articuno (por el ártico).



También cabe destacar los casos en los que las especies llevan el nombre de una persona, ya sea porque fue su descubridor o porque su trabajo sobre la especie ha sido muy relevante. Es decir, estos casos suelen homenajear a grandes eminencias del nivel de Darwin o Humboldt. Aunque, entre tú y yo, también se rumorea que Linneo utilizó este recurso para contentar a varios naturalistas que por entonces no estaban muy a favor de su método de nombres científicos.

La tortuga gigante de Santiago es conocida como Chelinoides darwini y el pingüino de Humbold recibe su nombre de este científico, Spheniscus humboldti.

No sé si tendrás alguna vez la oportunidad de poner nombre a una especie o a un Pokémon, pero si llega ese momento espero que recuerdes estas reglas generales sobre los nombres y sus significados. ¡No te olvides de investigar y buscar siempre los secretos que se esconden detrás del nombre de tus criaturas favoritas!  
                                                                                                         




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